Esta semana hemos asistido al XVI Congreso Nacional de Comunidades de Regantes, en Ciudad Real, organizado por FENACORE (Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España) y la Comunidad de Usuarios de Aguas Subterráneas Masa Mancha Occidental II.

Y si hay una idea que sobrevuela todas estas conversaciones, es esta: hoy ya no se puede hablar de agua sin hablar también de energía. El propio MITECO subraya que agua y energía son dos recursos esenciales para la agricultura de regadío y que su gestión eficiente es prioritaria.

Un nuevo escenario para las comunidades de regantes

Las comunidades de regantes llevan años haciendo frente a un contexto cada vez más exigente. La modernización de infraestructuras, la presión sobre los recursos hídricos, la necesidad de ganar eficiencia y el peso del coste eléctrico en el bombeo obligan a buscar soluciones que no solo sean técnicamente viables, sino también económicamente sostenibles.

En ese escenario, cada decisión cuenta. Ya no basta con consumir menos: también es clave consumir mejor, generar parte de la energía necesaria y aprovechar todos los mecanismos disponibles para mejorar el retorno de las inversiones.

Las balsas de riego ya no son solo almacenamiento

Una de las soluciones con más proyección para el regadío es la instalación solar fotovoltaica flotante sobre balsas. Este tipo de proyecto permite transformar una infraestructura ya existente en un activo energético, sin ocupar suelo agrícola y con un uso mucho más intensivo del espacio disponible.

Además, la literatura técnica internacional lleva años señalando varias ventajas potenciales de la fotovoltaica flotante frente a parte de la solar en suelo: mejor aprovechamiento de superficies de agua, reducción de la evaporación y posibilidad de mejorar el rendimiento energético gracias al efecto refrigerante del agua.

Para una comunidad de regantes, esto se traduce en una propuesta de valor muy clara: la balsa no solo almacena agua, también puede ayudar a reducir la factura energética, reforzar la autonomía frente a la volatilidad del mercado eléctrico y aportar una capa adicional de eficiencia a la infraestructura.

Energía y regadío: una integración que ya no puede esperar

Durante años, muchas inversiones en regadío se han abordado desde una perspectiva principalmente hidráulica. Sin embargo, la realidad actual exige una visión más amplia. El bombeo, la impulsión, la regulación y la operación diaria de las instalaciones hacen que la energía forme parte del corazón operativo de muchas comunidades.

Por eso, integrar generación renovable, análisis de consumos, automatización y optimización del uso energético ya no es una opción reservada a proyectos pioneros. Es, cada vez más, una vía lógica para ganar competitividad y resiliencia.

CAE: cuando el ahorro energético también se puede monetizar

A este enfoque se suma una segunda oportunidad que todavía muchas organizaciones están empezando a descubrir: los Certificados de Ahorro Energético (CAE).

El sistema CAE reconoce los nuevos ahorros de energía final obtenidos tras una actuación de eficiencia energética. Según el MITECO, cada CAE equivale a 1 kWh de ahorro anual certificado, lo que convierte la eficiencia en un activo con valor económico. Además, el Ministerio mantiene un panel de seguimiento nacional para monitorizar la evolución del sistema, reflejando su despliegue creciente en distintos sectores y tipologías de actuación.

¿Qué significa esto para una comunidad de regantes? Que determinadas mejoras en sus instalaciones (por ejemplo, actuaciones vinculadas al bombeo, la regulación, el control o la optimización energética, según el caso) pueden no solo reducir consumos, sino también abrir la puerta a ingresos adicionales o a una mejor estructura de retorno del proyecto.

La oportunidad está en combinar soluciones

La clave no está en pensar cada actuación por separado, sino en entender que el mayor valor aparece cuando se combinan varias palancas:

  • aprovechar superficies de agua existentes para generar energía,
  • reducir el impacto del coste eléctrico en la operación,
  • mejorar la eficiencia de los equipos,
  • y estudiar si parte del ahorro puede canalizarse a través del sistema CAE.

Ese enfoque integral es, precisamente, el que puede marcar la diferencia entre una inversión correcta y una inversión realmente transformadora.   Por eso, en un momento como el actual, tecnologías como la ISFV sobre balsas y herramientas como los Certificados de Ahorro Energético representan mucho más que una tendencia. Representan una oportunidad concreta para que las comunidades de regantes conviertan un reto (el coste energético) en una palanca de ahorro, sostenibilidad y competitividad.